La vida después de un infarto

Por: | Etiquetas: | Comentarios: 0 | septiembre 23rd, 2013

Daniel Guinea, un jubilado de 70 años, esun claro ejemplo de cómo se debe afrontar la vida sin miedo tras uninfarto: ha sufrido dos episodios cardiovasculares, el primerocuando tenía 54 años y mientras mantenía una relación sexual con suactual mujer, lo que no le ha hecho renunciar al sexo.     Todo esto lo cuenta Daniel, un paciente del Hospital Clínico SanCarlos, de Madrid, con una sonrisa en la boca: "Sentí, mientras lohacía, un dolor en el pecho. Se lo dije a mi pareja y nos fuimoscorriendo al hospital", cuenta este jubilado, que asegura que estasituación no le influyó posteriormente para sus futuras relaciones.     "Después, ningún problema. Bueno, yo me decía, todo con calma",relata Daniel, en el que influyó de forma determinante para suprimer problema con el corazón su alto colesterol, casi 500 mg/dl,cosa que no sabía porque no se hacía regularmente análisis, pues con54 años "estaba como un toro".

     Lo que sí conocía es que tenía la tensión alta -"llegue a tenerhasta 18"-, un factor que también influyó de forma decisiva para laaparición de la enfermedad, por la que le operaron en un primermomento en el hospital Ramón y Cajal.     El segundo fue más reciente, hace cinco años, cuando le colocaronuna prótesis aórtica en el Clínico San Carlos, donde hoy hacoincidido con su cirujano, el doctor Cobiella, del equipo de LuisMaroto, el jefe del Servicio de Cirugía Cardiaca.     Y lo ha visto con las manos en la masa, mientras operaba a otroenfermo, y no ha dudado a la hora de pasar por uno de los dosquirófanos en donde se intervienen cada año cerca de 600 personas dedolencias cardiacas.     En la Semana del Corazón, Daniel ha acompañado esta mañana aalgunos periodistas a las dependencias de este hospital, en donde leconocen médicos y enfermeras, como Mónica Pérez, quien le hace decerca el seguimiento.     Cada tres meses, se pasa por el centro sanitario para controlarsu patología, pero además ahora está participando en un protocolo deinvestigación sobre la hipertensión con pacientes cardiacosoperados.     "Me gusta venir al hospital. Me tratan muy bien, da gusto venir aconsulta, vengo encantado y me encuentro muy bien del corazón",asegura Daniel, quien está convencido de que su trabajo no influyóde ninguna forma en la enfermedad.     "A mi no me estresaba el trabajo. Era conductor y lo fui antes ydespués de la enfermedad, porque yo no dejé de trabajar. Lo que mepasó fue por el colesterol", incide este jubilado, quien de momentose olvida de que es ex fumador.     "Tampoco fumaba mucho; un paquete me duraba un día y medio", diceDaniel, quien dejé con determinación el vicio.     La dieta, según el jubilado, tampoco influyó para su infarto,pero olvida, y luego admite, que le gustaba mucho el embutido.     "El infarto para mí no fue un golpe, porque me dijeron queoperaban muy bien de corazón y el doctor me explicó que podía hacermi vida normal, trabajar en lo que estaba haciendo", exclama Guinea,quien desde su patología cardiaca toma once pastillas al día.     Dice que no le ha cambiado la vida, pero no fuma, ha dejado elembutido, sigue un tratamiento farmacológico -"antes no tomaba niuna pastilla"- y camina siete u ocho kilómetros todos los días.     Pero el carácter no le variado y de ello pueden dar buena cuentalos especialistas de corazón del Clínico, como Carlos Almería, de laUnidad de Imagen Cardiovascular, donde esta mañana le han realizadouna ecografía, o la enfermera Carmen López, del hospital de día delcentro, o el doctor Bover, de la unidad de insuficiencia cardiaca.     "Cada persona -dice- es un mundo y a mí no me ha afectado paranada, otras personas se mueren del susto, pero esto no es paramorirse del susto. Hay que tomarlo con tranquilidad y hacer caso almédico. Se puede vivir así".

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