Los alimentos funcionales, fuente de salud

Por: | Etiquetas: | Comentarios: 0 | abril 11th, 2014

Los alimentos "funcionales" existen y nose anuncian en la tele ni en las revistas. Se llaman pimientos,acelgas, espinacas, nueces, pollo o ternera. De hecho, una solasardina tiene el equivalente a casi 6 litros de leche enriquecidacon Omega 3.     Así lo ha asegurado la psicóloga AnaIsabel Gutiérrez Salegui, autora del libro "Consume y calla", con elque pretende "desenmascarar" a una industria que se lucra conproductos "saludables" y "funcionales" y cremas que nos hacenparecer eternamente jóvenes y que, sin embargo, no mejoran nuestrasalud.     Bífidos, omegas, filoestenoles, aminoácidos, lactobacilos, grasashidrogenadas, antioxidantes o sirtuinas son palabras mágicas con lasque nos bombardean desde los anuncios y los estantes de lossupermercados.

     Todos hemos oído hablar de ellos y, aunque no sepamos qué sonexactamente o cómo actúan en nuestro organismo, somos capaces dedejarnos medio sueldo en adquirirlos, señala la experta.     El hecho, además, de que muchos de ellos se puedan comprar enfarmacias les da un plus de garantía. Sin embargo, según Gutiérrez,estos productos solo tienen que demostrar que no son perjudicialespara que las boticas los vendan.     Lo que es "relativo" y depende de las dosis y de las personas quelos consuman. Así, "un simple diurético o laxante te puede acabarmatando de una parada cardíaca si pierdes demasiado potasio".     "Si no hay una alegación clara de salud, no tienen que demostrarque sean efectivos", señala esta especialista en trastornosalimentarios de la conducta.     De esta forma, si un anuncio dice "cuida tu corazón", elfabricante te está diciendo literalmente que lo cuides, no que suproducto te ayude a ello, aunque el destinatario del mensaje loentienda así.     Gutiérrez revela cómo las empresas utilizan "múltiples trucos"que juegan con la sintaxis, las palabras o las imágenes para que elmensaje percibido por el consumidor sea el que les interesa.     "Si mientras les anuncio algo me acaricio con una sonrisa latripa y les digo que me siento ligera. ¿ustedes que entienden?".     La industria cuenta, además, con la baza de que la mayoría de lagente confía ciegamente en los mensajes que aparecen en los mediosde comunicación. Si algo se anuncia en la tele tiene que ser verdad.     Pero, "¿cuántos de esos productos llevan el aval del Colegio deMédicos?". "Ninguno", asegura la psicóloga, que anima a losconsumidores a comprobar quién está detrás de muchos de los logosque se ven en los productos. "Miren y se sorprenderán".     La mayoría de las trampas se esconden detrás de un asterisco o enla letra pequeña. "Los anuncios no mienten, esconden la verdad trasletras diminutas".     En su libro, Gutiérrez acuña el término "gordofobia" parareferirse a la obsesión de la sociedad occidental por la delgadez ypor la perfección física, que constituye el "Santo Grial del sigloXXI". Un público perfecto para un mercado que genera al año miles demillones de euros.     La experta advierte sobre aquellos productos que llevan laetiqueta "bio" o "eco", muchos de los cuales se autocalifican comotales y no lo son. Además, el problema viene de la confusión con elconcepto "natural", que no requiere ningún tipo de cumplimientonormativo y que se puede poner en cualquier artículo.     "El colmo de la tomadura de pelo es que, además, nos cobren porello".     Los supermercados están también llenos de los denominadosproductos "light", que "no son más sanos ni sirven para adelgazar".     Ese concepto "significa única y exclusivamente que tiene un 30por ciento menos de grasa que el producto original, cosa que notodos cumplen". Pero el tipo de grasa que te estás metiendo en elcuerpo es el mismo.     Para esta especialista, "no deberían ser las calorías lo quemiremos sino los alimentos. "¿O es que nadie se da cuenta de que 200calorías de tortilla de espinacas son más saludables que 200calorías de gominolas?".     Y qué decir de los suplementos nutricionales, tan de moda. "Noson necesarios si la alimentación es completa y equilibrada y lapersona está sana".     Y si no lo está, quien debe prescribirlo es un médico, ya quepueden ser perjudiciales.     "Es fundamental estar bien informados y que haya una regulaciónsensata en materia de publicidad y alimentación o, por lo menos, quese garantice el correcto cumplimiento de la normativa existente",señala Gutiérrez, quien apela a la responsabilidad de los medios decomunicación para no dar pábulo a dietas milagro ni fomentarestereotipos insanos.     "Deberíamos centrarnos más en la salud que en la belleza. Porque,¿de qué sirve el cascarón si se está enfermo?", concluye

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