El consumo continuado de alcohol en jóvenes atrofia la actividad neuronal

Por: | Etiquetas: | Comentarios: 0 | septiembre 14th, 2015

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El consumo intensivo y continuado de alcohol en jóvenes universitarios podría inducir al deterioro de la actividad neuronal relacionada con el proceso de inhibición de los impulsos, según un estudio que se presenta hoy en Valencia en el marco del Congreso para la Investigación Biomédica del Alcoholismo.

El estudio lleva por nombre “Impacto del consumo intensivo de alcohol sobre el control inhibitorio: correlatos neurofisiológicos en jóvenes universitarios” y es obra del doctor en neurociencia de la Universidad de Santiago de Compostela Eduardo López Caneda.

En una conversación con EFE, López Caneda ha explicado que su investigación incide en los efectos neurocognitivos del conocido como “big drinking” o consumo intensivo del alcohol en jóvenes de entre 18 y 25 años. “Habla sobre los efectos del consumo intensivo de alcohol en un proceso cognitivo concreto, el control inhibitorio, que es el que se encarga de inhibir nuestros impulsos, en este caso, hacia consumir una sustancia, como es el alcohol y cómo su consumo deteriora y debilita ese proceso inhibitorio”, ha explicado.

Se entiende como consumo intensivo el de cinco bebidas en el caso de los hombres y 4 en el de las mujeres, en un intervalo de dos horas, y al menos, una vez al mes. “Conforme más bebemos, menos controlamos y eso puede hacer un efecto de pescadilla que se muerde la cola o de efecto de bola de nieve que hace que ese consumo se perpetúe en el tiempo”, ha agregado.

El científico ha explicado que estudia este fenómeno a través de la encefalografía que consiste en colocar electrodos en el cuero cabelludo para ver la actividad eléctrica neuronal. “Las neuronas emiten una corriente eléctrica que puede ser medida con los electrodos y vemos el voltaje y la latencia de esa actividad neuronal”, ha señalado López Caneda. El experto ha concretado que las pruebas se realizan en un grupo de control de no abstemios porque, lo contrario, “sería poco representativo de los jóvenes actuales que tienen un cierto grado de consumo de alcohol aunque por supuesto, muy inferior al del grupo experimental”. “Con las pruebas se pretende activar un determinado proceso cognitivo, la atención, la memoria o en este caso, el control inhibitorio, y ver cómo es de diferente la actividad neuronal de los controles en aquellos que consumen poco o nada de alcohol respecto a los que tienen un consumo excesivo”, ha explicado. Ha advertido que lo primero que han descubierto es un “efecto un tanto paradójico”, ya que “se ve más amplitud en la ondas cerebrales ligadas a esos procesos de control inhibitorio en los grandes consumidores de alcohol en comparación con los controles de inicio”. “De inicio cabría ver una menor amplitud porque es lo que se ve en los alcohólicos crónicos”, ha señalado y ha apuntado que la hipótesis es que se crea “un mecanismo neurocompensatorio que permite paliar el déficit en ciertos grupos neuronales implicados en ese proceso cognitivo” de inhibición de impulsos. “Ahora tendríamos más neuronas adyacentes dedicándose a ese proceso que antes no se dedicaban y están ayudando a las neuronas que presentan un déficit debido a ese consumo excesivo de alcohol”, ha añadido.

Si el consumo continúa a largo plazo o se aumenta su nivel, “al final el cerebro ya no es capaz de compensar ese déficit”. Ha explicado que su estudio se centra en jóvenes de entre 18 y 25 años, “los que dura la carrera y dos más”, porque entienden que “es una ventana de desarrollo cerebral muy importante porque todavía está en maduración”. “No han finalizado su desarrollo aquellas regiones relacionadas precisamente con el control inhibitorio, como el córtex prefrontal, la región en la que están implicadas el razonamiento abstracto, la planificación, el pensamiento futuro o la toma de decisiones”, ha apuntado.

Lo que revela el estudio es que ese desarrollo cerebral a nivel de inhibición de impulsos es diferente entre los que consumen alcohol de forma excesiva y los que no. “Cuando hablamos de inhibición de impulsos nos referimos a un proceso cognitivo que puede ser entendido de forma natural como las regiones cerebrales que hacen que si estoy enfadado con alguien decida no pegarle”, ha detallado y ha explicado que “por eso hay más peleas o búsqueda de parejas por la noche cuando se consume alcohol porque estamos desinhibidos”.

El problema, ha asegurado, “es cuando el consumo se prolonga mucho tiempo” y, aunque ha apuntado que desconocen cuándo aparece exactamente un déficit funcional o conductual, ha señalado que algunos de sus estudios revelan que “tras dos años de mantener un patrón de consumo, los resultados se exacerban”

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