Advierten del impacto del cambio climático en las enfermedades parasitarias

Por: | Etiquetas: | Comentarios: 0 | diciembre 9th, 2016

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La nueva presidenta de la Sociedad Española de Medicina Tropical y Salud Internacional (SEMTSI), María Dolores Bargues, advierte del impacto que tiene el cambio climático en algunas enfermedades parasitarias y del riesgo de que éstas se prolonguen en el tiempo y sean cada vez más difíciles de vencer.

Bargues, catedrática de Parasitología de la Universitat de València, es la nueva presidenta de la SEMTSI, una entidad que nació hace dieciocho años y que, en un mundo globalizado, se enfrenta a la llegada a España de enfermedades que antes se pensaba que solo afectaban a países tropicales.

En una entrevista con EFE, asegura que la salud internacional ha cambiado “mucho” en las últimas dos décadas, ya que los viajes o los movimientos migratorios pueden también trasladar las enfermedades o a los vectores que las transmiten, como los mosquitos.

“Hoy en día tenemos enfermedades que no son solo de los trópicos o subtrópicos porque las diagnosticamos en España, como la malaria, de la que todos los años se detectan casos importados, o la enfermedad de Chagas, propia de América Latina, e introducida desde hace años en España, pero que ya ha sido diagnosticada aquí”, indica.

Además, en España se diagnostican de modo continuo o incluso creciente casos de otras enfermedades infecciosas transmitidas por vectores (mosquitos o garrapatas) como el Zika, el Chikungunya y la fiebre Crimea Congo.

Aunque en el caso de la enfermedad de Chagas el vector es un chinche que se encuentra en América Latina, en el del Zika es el mosquito tigre, que en España está teniendo una “extensión vertiginosa”.

“Empezó por la zona de Cataluña pero se ha extendido a lo largo del eje de la autopista y está bordeando la zona mediterránea”, advierte la experta, que proclama que el mosquito tigre “ha venido para quedarse”.

A su juicio es un mosquito “muy difícil de vencer” porque es “un gran colonizador y capaz de sobrevivir en unas condiciones mínimas, en un charquito de agua. Además, tiene su ciclo muy adaptado a las condiciones ambientales que actualmente tenemos en España”.

Considera que los brotes y epidemias de enfermedades parasitarias podrían agravarse al mismo ritmo que lo hace el cambio climático: “Está claro que la climatología está favoreciendo que cada vez tengamos temperaturas más cálidas”.

Según Bargues, las temperaturas estivales se alargan en el Mediterráneo casi hasta noviembre, lo que permite que la supervivencia de ciertos insectos, como los mosquitos, “dure más meses y haya mayor probabilidad de que puedan transmitir más enfermedades”.

También el cambio global, que incluye fenómenos como la inmigración, turismo, viajes, importación/exportación de ganado y mascotas, modificaciones antropogénicas como regadíos o cultivos vegetales, o la entrada o salida de comidas o plantas para los acuarios, puede favorecer la introducción de muchos agentes que podrían ser de riesgo para contraer enfermedades infectocontagiosas.

A su juicio, lo “ideal” sería controlar al vector en su país de origen, aunque reconoce que hoy en día “es muy difícil. ¿Cómo puedes parar la entrada de un mosquito?”.

Bargues afirma que aunque en los países occidentales se tienen “las infraestructuras, los conocimientos y los medios”, las enfermedades parasitarias “siempre sorprenden” y pone como ejemplo la schistosomiasis, transmitida por los caracoles de agua dulce.

Según explica, esta enfermedad se da en zonas con climas cálidos y tropicales, pero en el verano de 2014 se detectaron en Córcega los primeros casos humanos autóctonos de esta dolencia, casos “que nadie esperaba”.

“Se trata del primer reporte en Europa de una enfermedad tropical que no esperábamos”, afirma Bargues, que añade que ahora se está investigando cómo se pudieron infectar los caracoles autóctonos y se estudian otras posibles zonas de riesgo en la cuenca mediterránea, incluida España.

A su juicio, en Europa el sistema de alerta ante estas enfermedades “debe ser global e identificado por todos los países, aunque luego en cada uno de ellos se adopten medidas preventivas específicas”.

Sobre los tratamientos contra las enfermedades parasitarias, asegura que para tener una vacuna que sea efectiva son necesarios “como mínimo diez años. Aunque se investiga, muchas veces los resultados son a muy largo plazo”.

Experta en biología molecular, ha dedicado más de veinte años de su carrera a investigar enfermedades parasitarias, ha participado en más de cincuenta proyectos, publicado más de 150 artículos en revistas científicas y ha sido autora o coautora de una treintena de capítulos de libros de contenidos relacionados con este campo.

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