Cómo detectar el acoso escolar a nuestros hijos

Por: | Etiquetas: | Comentarios: 0 | junio 2nd, 2017

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La exposición a conductas de acoso de un modo reiterado y frecuente afecta a casi el 23% de la población escolarizada, sobre todo entre los 6 y los 12 años, y sucede de una manera física en niños y en forma de exclusión entre las niñas, según el Informe Cisneros. Y los padres tienen dos misiones importantes a la hora de enfrentar este problema: estar alerta antes las señales tempranas de acoso escolar y prestar especial atención al daño psicológico que deja el acoso en los menores, más fuerte y duradero incluso al daño físico.

«Debemos prestar especial atención al daño psicológico que deja el acoso en los menores, más intenso y permanente que el daño físico», asegura Marta Jurado, educadora social especializada en temas de medicación escolar, con motivo del 65º Congreso de la Asociación Española de Pediatría (AEP). «Los niños, las personas en general, somos por naturaleza seres sociales. Si el niño prefiere estar solo en el recreo, es hora de sentarse y hablar. Si bien hemos ganado con los años en comunicación entre padres e hijos, hemos reducido el tiempo que se pasa con ellos y, por ende, la cantidad de las conversaciones que con ellos mantenemos».

Los síntomas que revelan que un niño o una niña puede sufrir acoso escolar son:

-Dolores abdominales o de cabeza

-Dificultad para conciliar el sueño

-Inapetencia alimentaria

-Irritabilidad por las mañanas a la hora de ir al colegio

-Desaparición de síntomas durante los fines de semana

-Descenso del rendimiento escolar sin razón aparente

-Actitud esquiva a la hora de contar cosas referidas al colegio

«Los niños tienen muchas formas de manifestar su malestar y no siempre es hablando», prosigue la doctora Jurado. «Una vez se tiene la sospecha, se debe acudir al colegio siempre en un tono conciliador, sin acusar. Y es fundamental no culpabilizar al niño en el entorno doméstico arremetiendo contra su forma de vestir o de peinarse, su forma de ser o sus preferencias, pensando que si modificamos desde el hogar aquello que le hace diferente, evitaremos que puedan burlarse de él en el colegio. Esta actitud por parte de los padres, aunque sea por su bien, solo le hará sentirse más inseguro. Es factible que estemos haciendo mella en el menor en casa y que no evitemos con éxito que también lo hagan en el colegio».

El acoso puede dejar secuelas psíquicas más graves que las físicas: «Son niños que ya no se quieren a sí mismos, que se ven llenos de defectos y no merecedores de respeto», enumera la doctora Jurado. «Es básico, en este sentido, la labor de refuerzo positivo de los padres, que sientan que se les quiere de manera incondicional, independientemente de cómo sean física o intelectualmente. Es necesario, enseñar a los niños a cultivar su autoestima, a refirmarse, a defenderse asertivamente. Los adultos han de actuar cuando el menor esté en desequilibrio de poder».

Perfil del acosador

Por su parte, el acosador tiene un perfil que se vincula al entorno familiar, en el que parte de la responsabilidad está también en los padres: estilos educativos autoritarios, faltos de cariño y rodeados de muchas normas, con un altísimo nivel de exigencia, tienden a favorecer en los niños la aparición de una personalidad inestable, con baja autoestima enmascarada en una falsa seguridad. «Son niños que necesitan sentirse superiores a los demás, de modo que si encuentran un niño diferente que destaca por no ser especialmente hábil físicamente o todo lo contrario, que es más brillante en alguna faceta, tenderán a dejar claro desde el principio quién es el líder», dice la doctora Jurado

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