«Atar» a los ancianos para «protegerles», una práctica con luces y sombras muy habitual en las residencias

Por: | Etiquetas: | Comentarios: 0 | julio 27th, 2017

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En torno al 13% de los ancianos que viven en residencias de mayores en España –290.000, como indica el INE en sus últimos datos de 2013– son atados como parte de sus cuidados diarios, según las estadísticas recogidas por la Asociación de Empresas de Servicios para la Dependencia (Aeste). Esto supone un total de 37.000 personas a las que se le aplican sujeciones físicas –medidas destinadas a limitar su movilidad para prevenir accidentes o caídas– de las cuales la mayoría padecen demencia o alzhéimer.

El director Médico del Programa Desatar al Anciano y miembro del Comité de Ética Asistencial del Gregorio Marañón, Antonio Burgueño Torijano, lleva alrededor de quince años promoviendo desde la Confederación Española de Organizaciones de Mayores (Ceoma) la erradicación total de las contenciones en este tipo de centros. El alma máter de la iniciativa fue la altísima cifra que registraba España en el año 1997 (se aplicaban sujeciones a casi el 40% de los pacientes), cuando era el primer país del mundo en esta práctica y las revistas internacionales especializadas, como la británica «Age and Ageing», se hacían eco de ello.

«Llevamos años dándole vueltas a esto, es una rutina que se hereda de generación en generación de profesionales y no se repara en ello», asegura Burgueño. No fue hasta el pasado mes de mayo cuando se presentó por primera vez una propuesta específica para la eliminación progresiva de las sujeciones mecánicas en la Comisión de Sanidad del Congreso. La petición, registrada por Ciudadanos, fue finalmente aprobada por unanimidad. Algo parecido, pero a escala autonómica, se produjo en febrero de este año cuando la Comunidad de Madrid dispuso un protocolo para regular su uso.
«Es un tema complicado porque puede levantar ampollas en el ámbito profesional y por la base cultural que hay detrás; somos muy paternalistas y podemos llegar a ese extremo para proteger a una persona sin medir las consecuencias», explica Burgueño. En otros países europeos como Islandia o Reino Unido, las contenciones mecánicas están completamente prohibidas. Suiza también implementó entre 2010 y 2015 un programa con dos facetas: formar a personal sanitario y aumentar el ratio de profesionales por paciente «liberado».

Formación específica del personal sanitario

De acuerdo con las explicaciones de Burgueño, las medidas del Programa desarrollado por la Ceoma apuntan a una dirección similar: «A las residencias que quieren trabajar con nosotros les damos una formación especial, les asesoramos para que en un año el centro haya podido eliminarlas todas». Cree sin embargo que la necesidad de un incremento de profesionales al cuidado de los pacientes es «uno de los grandes mitos» y que es una medida evitable si se «establecen las correctas adecuaciones, ajustes organizativos y de espacio».

El debate, que lleva años produciéndose pero se plantea más rotundo esta vez tras la propuesta de Ciudadanos, no ha conseguido a pesar de todo materializarse en las residencias españolas. «Los que no las usan son una minoría», puntualiza Burgueño. Y apunta a la falta de atención de las administraciones públicas como el principal escollo para que los centros se sumen al plan: «¿Por qué un centro que apuesta por un estándar de calidad no tiene un trato más a favor? Más dinero, más plazas…». La regulación emprendida por Ciudadanos en este sentido insta al Gobierno a priorizar en los conciertos a las residencias libres de sujeciones, como reclama el director de Desatar al Anciano.
Entre los profesionales ya empieza a cambiar poco a poco la percepción que se tiene del uso de las contenciones. Prueba de ello es la reciente creación de la Plataforma Nacional Sin Sujeciones, que agrupa a varias asociaciones con el objetivo de luchar contra el «excesivo uso de sujeciones físicas y químicas en las prácticas de cuidado», y del sistema de acreditación establecido por la Ceoma para facilitar la integración de las residencias.

Las familias temen los accidentes

Pero en sentido contrario se manifiesta el deseo de las familias que, según la presidenta del Defensor del Paciente Carmen Flores, demandan el uso de sujeciones para evitar los accidentes que en algunos casos se producen. Las quejas que llegan hasta su mesa señalan sobre todo que la «falta de personal» pone en peligro a sus familiares: «Dicen llegar a la residencia y encontrarles a veces con moratones, entonces no entienden por qué no se les aplica una mejor sujeción. Estas personas no son un palo que se queda quieto, se mueven y pueden caerse». Carmen Flores también se muestra a favor de la eliminación de las sujeciones cuando «el remedio es peor que la enfermedad», pero no en su totalidad. «Sería importante valorar qué tipo de sujeción se aplica y si hay personal suficiente para trabajar sin presión en la vigilancia de los pacientes».

Burgueño sabe que los familiares lo reciben al principio con pánico y desconcierto y que «mucha gente sigue convencida de que las sujeciones protegen». No cree que sea necesario criminalizarles por ello porque con toda probabilidad «actúan de buena fe», pero insiste en que «hay que derribar ese mito de que son imprescindibles para cuidar a la gente mayor. No solucionan el problema, lo enmascaran. Renunciar a la sujeción es renunciar a la tranquilidad, es una cuestión de valentía, pero en España tenemos evidencias de que eliminar las sujeciones no se traduce en más caídas o fracturas de cadera, que es una de las consecuencias más temibles. Los centros tienen que trabajar familia a familia para explicarles por qué apuestan por ese estándar».

Pedro Cano es el director de Innovación Médica de Sanitas Mayores, la primera empresa española en aplicar un programa para eliminar las sujeciones en sus instalaciones (a día de hoy, 37 de sus 44 residencias han sido adaptadas). Para Cano se trata de una evolución natural, pues «la medicina avanza, y ahora sabemos que sí es posible cuidar sin recurrir a las sujeciones». En este sentido, coincide con Burgueño en que no es necesario «demonizar a los profesionales que las usan y simplemente hay que demostrar que se puede hacer de otro modo».

«En medicina estamos continuamente cambiando enfoques a la luz de nuevas evidencias. Una sujeción física puede provocar que la persona sufra un trauma psicológico y estrés postraumático con tan solo 10 o 15 minutos de uso; fracaso cardíaco; apatía por la vida y un declive muy rápido en sus capacidades físicas a causa del inmovilismo», explica Burgueño. En el peor de los casos puede llegar a causar la muerte si el paciente no es capaz de comprender qué pasa e intenta luchar para desatarse.

Casos de muerte por estrangulación

Ya se han producido sucesos de estrangulación por este motivo, tal y como informó en 2012 la Revista Española de Medicina Legal en el informe «Muertes provocadas por cinturones de contención de ancianos encamados». En el texto se presentan dos casos de mujeres ancianas de 85 y 72 años que, a decir por la posición en que fueron encontradas por la comisión judicial que practicó el levantamiento de los cadáveres y las marcas en el cuerpo, sufrieron estrangulamiento intentando escapar. En ambos casos se presupone una mala práctica del personal sanitario al datarse las muertes de unas 4 o 5 horas anteriores al hallazgo de los cuerpos y al «no encontrarse las tiras correctamente colocadas y las barras de contención lateral no funcionar correctamente».

La aplicación de sujeciones físicas, aclara Cano, no es una decisión que se tome a la ligera por cualquier profesional del centro. Las contenciones han de colocarse siempre por prescripción de un médico, con un protocolo pautado y bajo consentimiento informado. «Las imágenes que trascienden a los medios de ancianos atados no son consecuencia de las sujeciones propiamente, sino de una mala praxis médica».

Fuente: ABC

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