El arte en la tercera edad, una puerta al inconsciente

Por: | Etiquetas: | Comentarios: 0 | agosto 2nd, 2017

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El arte es una herramienta que el ser humano ha utilizado para comunicarse desde su existir más vetusto y que va unida irremediablemente a la evolución del pensamiento y de la destreza motora. Trasciende a todas las etapas de la vida, incluso a la consciencia, y además «cura». Aunque así dicha esta última afirmación no es del todo cierta, numerosos estudios han demostrado que el arte, o más bien la creatividad artística, sí tiene propiedades terapéuticas y que mejora la calidad de vida de quienes la entrenan, especialmente los segmentos poblacionales en los que la actividad cognitiva está desarrollándose –es el caso de los niños–, y en los que tiende a deteriorarse –es el caso de los ancianos–.

«Es una manera muy fácil de acercarnos a los problemas y traumas y de conocernos a nosotros mismos a cualquier edad», explica la responsable del área de Bellas Artes en el Centro Universitario de Artes TAI (Transforming Arts Institute), Mónica Aranegui. El arte tiene esa virtud metaconsciente porque nos atraviesa de punta a punta el cuerpo, la mente y las emociones. «De hecho, conecta mucho con la parte de los recuerdos, nos facilita el acceso a ellos», aclara. Así que la creatividad artística, aunque es un jarabe para todos, cobra especial relevancia cuando la desarrollan personas de tercera edad, un momento de la vida en el que «más que servirnos para adquirir nuevas competencias, frena el deterioro cognitivo».

a Dra. Sacramento Pinazo-Hernandis, vicepresidenta de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG) explica cómo «la investigación neuropsicológica ha demostrado que realizar actividades artísticas aumenta la función cognitiva al producir nuevas conexiones neuronales y dendritas –pequeñas ramificaciones que brotan de la neurona encargadas de la recepción de estímulos– más fuertes».
Ni siquiera hace falta practicarlo, aunque su función se refuerza si lo hacemos, según la doctora «simplemente contemplarlo ayuda al cerebro a que continúe adaptándose, reestructurándose y expandiendo su potencial de incrementar la capacidad de reserva cognitiva –quiere decir que busca “vías o estrategias alternativas” para compensar las pérdidas–.

Una llave a los recuerdos

Una gran cantidad de recuerdos permanecen a la deriva de la inconsciencia incapaces de ser rescatados por una memoria que en edades avanzadas vive cada vez más débil. El arte interviene en la remembranza como una red de pesca.

Cuenta Mónica Aranegui que si algo le sigue sorprendiendo a diario en su trabajo en el Centro Universitario TAI es «la capacidad que tiene el arte para acceder a nuestro inconsciente». Cuando una persona entra en contacto con un recuerdo olvidado –a veces como defensa del propio organismo– «se le ilumina la mirada». Los recuerdos están muy unidos a los sentidos, aclara, y todo ello tiene que ver al final con «el desarrollo evolutivo del ser humano para su supervivencia».

Si eso que permanecía oculto en la persona era el origen de un trauma, se libera y puede empezar a tratarse. Según explica la doctora Sacramento «surge entonces la oportunidad de poner en valor las propias fortalezas y recursos personales», que además se ven reforzados por una creciente autoestima y por las nuevas herramientas que las conexiones neuronales resultantes del trabajo creativo han puesto en marcha para solucionar el problema. Aranegui asegura que esta aleación «aumenta las posibilidades de éxito y favorece al autoconcepto».

Sacramento explica que «cuando las personas mayores realizan actividades significativas –que responden a un propósito–, pueden desarrollarse y crecer en competencias, habilidades e integridad. Les hacen ganar confianza en ellos mismos. Así que de la misma forma, las experiencias que se tienen a partir del arte pueden ayudar a dotar de sentido las vidas de las personas mayores». Se sienten útiles e incluso ven incrementada su motivación para participar en actividades cotidianas.

Sentimiento de pertenencia

Uno de los grandes males que aqueja a la población mayor es la progresiva pérdida de un sentimiento de pertenencia a una comunidad. En definitivas cuentas, lo que experimentan es una corrosiva sensación de soledad. Para esto también tiene cura el arte: «el formato de pequeño grupo en la actividad puede ayudar a disminuir el aislamiento social de muchas personas que viven solas o se sienten solas. Ofrece una red de conexión y apoyo social, un espacio seguro para el intercambio de historias personales y la ilusionante determinación de emprender un proyecto común».

Aranegui coincide con la doctora en que la creación artística «es una vía para desarrollar y fomentar habilidades interpersonales». Para la experta, el arte es en definitiva «una especie de maleta de herramientas que en función de cada caso particular se usa en uno u otro sentido».

Fuente: Patricia García. ABC

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