¿Te identificas cómo un comedor emocional?

Por: | Etiquetas: | Comentarios: 0 | octubre 11th, 2017

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Comer no es sólo el acto de ingerir alimentos, su conducta, principalmente es el resultado de rutinas alimentarias, valores culturales, actitudes y creencias, el contexto en el que comemos, emociones personales, experiencias familiares anteriores y necesidades fisiológicas individuales.

A lo largo de nuestra vida, el cerebro va registrando toda esa información, construyendo conexiones y generando automatismos. A veces, puede darse el caso que, todos estos factores ayuden a crear un vínculo disfuncional con la comida que se ha de romper cuanto antes. En estos casos, si queremos comer bien, debemos entrenar a nuestro cerebro para implementar y cultivar unos hábitos alimentarios saludables y eso requiere constancia y tiempo, además de comprender que tan importante es el qué comemos, como el cómo y cuándo lo hacemos.

Pero…. ¿por dónde empezar?

1.Tener una buena relación con la comida

Debemos empezar por tener una buena relación con la comida, es decir, dejar de castigarnos y juzgarnos por lo que sí o no comemos.

La idea es cambiar el foco de la estética al de la salud, a sentirnos bien, a encontrar nuestra dieta individual, variada, saludable y rica. Y, si quieres adelgazar, hacerlo con el convencimiento que es lo que quieres, no porque es lo que toca en el calendario y se supone que hay que hacer.

En este sentido, las dietas milagro y las conductas de restricción solo nos minan psicológica y metabólicamente. ¡No sirven para llevarnos bien con la comida!

2. Aprender a diferenciar el hambre del picoteo

Es clave no confundir el hambre con ansiedad, alivio, aburrimiento, frustración, etc… que van de la mano del picoteo.

La neurociencia ha descubierto que con la comida se estimulan los mismos centros del placer o recompensa que con algunas drogas. Sin ser conscientes, a veces utilizamos la comida para calmarnos y así poder saciar nuestro “hambre emocional”.

Pero, ¿cómo podemos distinguir el “hambre emocional” del “fisiológico”? El “hambre fisiológico” es la necesidad física de alimentarnos, mientras que el “hambre emocional” es ese apetito o deseo voraz y distraído que nos impulsa a vaciar la nevera cuando lo que nos ocurre es que nos sentimos ansiosos, aburridos, nerviosos etc….

Tener hambre es una necesidad fisiológica vital, indispensable para nutrir correctamente nuestro cuerpo. El apetito, sin embargo, está influenciado por olores, sabores, aspecto y presentación de los alimentos o ciertas costumbres alimentarias que nos predisponen y/o disparan hacia la ingesta.

3.Detectar el “hambre emocional”

El estado de ánimo influye en todas las áreas de nuestra vida y en la forma de alimentarnos también. Cuando se está invadido por ansiedad, aburrimiento, nerviosismo etc… es fácil perder la capacidad de percibir señales de hambre, de saciedad, de satisfacción etc… pero podemos hacernos unas preguntas sencillas para empezar a aprender a detectarlo:

Antes de comer:

  • ¿Por qué voy a comer: hambre, ansiedad, aburrimiento?

Durante la comida:

  • ¿Cómo estoy comiendo: relajada, ansiosa, por hacer algo…?
  • ¿Estoy disfrutando de mi comida?

Después de la comida:

  • ¿Estoy conforme, satisfecha, disgustada o nerviosa?
  • ¿Me estoy culpando, juzgando?

Introducir sencillas variaciones en nuestras rutinas diarias a la hora de comer nos permitirá alimentarnos conscientemente y sentirnos bien. Y, si además queremos perder peso, lo haremos de forma constante, segura y cambiando nuestros hábitos alimentarios hacia unos más saludables.

Isabel Borrás Olivares, nutricionista de Nutrigen Service

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